6.18.2011

10. sueño

Te soñé tras un cristal viejo, sucio. Atrás de ti un fondo: etéreo, obscuro, lejano. Tu mirada derramando una melancolía gris que llenaba todo el ambiente: la mirada más bella del mundo. Y la más triste.
Desperté.

6.12.2011

9. hoy

Hoy me dijiste que no. Que lo nuestro nunca iba a ser lo nuestro. Me dijiste que quererte conquistar con mi tenacidad quijotesca era una guerra perdida. Me rechazaste de una manera bellísima: una honestidad avasalladora, firmando verdades dolorosas con tu voz.

Acepté el rechazo, acepté tu amistad. Mantengo mi tenacidad quijotesca ante todo lo demás que me propongo.

6.10.2011

8. verdad

Estoy escribiendo una novela sobre ti. Es mero pretexto, pues la verdad es que podría resumirlo en 7 palabras: te quiero conocer toda la vida, toda.

4.24.2011

7. luna

Tomó la pluma y un papel. Estaba decidido, le escribiría una carta. Quería decirlo todo, expresarle de puño y letra su sentir. Así, en papel, y es que aunque hace mucho no escribía de letra propia una carta, no importaba, tendría el placer de tirar a la basura esa sarta de sentimientos y recuerdos inservibles.

Solea,

Parece estúpido escribirte después de tantos años. Abrir de nuevo las heridas que me causé con tu partida. Revivirlas y gozar de manera grotesca la sangre que escurre de mi corazón. Lo que queda de mí corazón. No te he preguntado cómo estás. Me da miedo hacerlo; pensar que me puedes contestar esta carta y acercarte a mí, aunque sea a través de unas líneas ausentes. Aunque sea un deseo absurdo que puede ocurrir. Y es que los dos sabemos que no te enviaré este escrito.
No quiero aburrirte con más introducciones, así que lo diré así, sin más. La luna me sigue recordando a ti. Me da un poco de asco verla. Cuando la miro hermosa, allá en el espacio tan presente, me entra la nostalgia. Y aunque es el misma luna, ya no me sabe a la del año 2006.
Fue en febrero que me dijiste que te gustaba admirar la luna. Que te era inevitable, la luna llena te brindaba una atmósfera de felicidad. Y de verdad lo hacía, yo fui testigo de aquello. Solea, eras la mujer más feliz de la tierra. Tu risa, tu cabello, tu cara expuesta a la luz de la luna. Tus ojos verdes irradiaban vida, me daban calor. ¿Cómo puedo olvidar esa luna?
Por eso prefiero no mirarla, porque si lo hiciera, sería como contemplar tu dulce cuerpo y recordar el contacto de mis yemas con tu piel. Sería ver cómo mi mano recorría tu vientre y que me asaltara el mismo pensamiento fatídico –antes hermoso-: que bien se ve mi mano sobre tu cuerpo, como si desde siempre el mundo estuviese pensado para este instante, millones de años de universo quedando contenidos en contacto de la palma de mi mano con tu piel.
He de confesarte, no he vuelto a tocar piel más hermosa. No me he vuelto a sentir así. Por eso es que cuando veo la luna no me queda más que ponerme triste -triste y recordar.
Han pasado ya 5 años de eso. Tu piel sigue tan viva en mí, como si estuvieras aquí. Estoy maldito. Temo no poder olvidarte, dejarte en el pasado, arrancarte de mi memoria. ¿Qué a caso tengo que derribar la luna?
Ya no me enamoro. Al menos de otra mujer. Si me emociona alguien es porque te veo en ella. Me doy asco. Cuando lo descubro, me alejo, bastante daño ya me he causado como para que ande regando pedazos de un corazón que sólo puede ser prestado, porque, Solea, ése te pertenece a ti.
¿Sabes? El viernes estuve con una mujer. Retozábamos en la cama contentos. Luego tu recuerdo me invadió. Me transformé. Quería tocarte e imaginé que ella eras tú. Estaba a punto de estallar del enorme placer. Me detuve por respeto a la que tenía entre mis brazos. Pero no podía dejar de pensar en ti. Es estúpido, tuve que pensar en Napoleón Bonaparte para correrte de mis fantasías. Lo logré. Retomar de nuevo la acción no fue nada fácil. Ya no me podía concentrar. Al final, su mano me ayudó para poder seguir aquel inconcluso ritual de sudores y ponerle, como Dios manda, fin.
Ella dormía a mi lado. Yo no sabía qué hacer. Si hubiera tenido una cajetilla de cigarros me hubiera fumado uno, lento, y hubiera pensado en ti. Pero sin aquella cajetilla sólo me quedaba tu recuerdo. La luna era una luna nueva, restregándome en la cara tu ausencia. Pensé en levantarme e irme a la sala, no quería compartir mis sueños con una mujer por la que no sentía nada. Al final me quedé ahí en la cama para no despertarla y no despertar malos entendidos. No pude dormir.
¿Qué es lo que hace que te siga recordando con la luna? La esperanza de que tú también la estés mirando. Saber que comparto ese momento contigo, aunque tú no lo sepas. Sentir que ése es el único momento en que los dos posamos nuestros ojos en un mismo lugar. Por eso cunado me dicen “¡qué linda luna! ¿ya viste? ¡está enorme!” yo sonrío primero feliz, pensando en ti, y luego la forma de mis labios es reemplazada por una sonrisa maliciosa, una que sabe que me destruye por dentro, que entierra más mis sentimientos entre más pienso en ti.
Últimamente me ha ido muy bien en el terreno profesional. ¡Por fin veo frutos de lo que quiero llegar a hacer! Se puede decir que soy exitoso, o que lo comienzo a ser. Pero yo sé que esto es sólo el principio, que todavía me falta un largo camino por recorrer. Y es aunque pienso llegar a mi meta en pocos años, me tranquiliza y llena que la gente ve en mí materializarse el potencial que siempre profesaron de mi persona.
Yo sé bien que lo que hago ya tiene un poco de podrido. Y es que espero alcanzar el éxito para que un día tú me veas y sorprendas de lo que alcanzado. Vivo con la esperanza que llegado ese momento, te detengas me mires a los ojos, no sepas si sonreír o no, se te escape una lágrima y me abraces. Entonces yo tomaré tu cara con mis manos y volveré a sentir que el universo fue creado para ese instante en que nuestras pieles se encontraron, y todo Solea, todo estará bien.

Tomó la carta, la leyó una y otra vez. Cuando se cansó de mirarla fue hacia la cocina para tirar el escrito. No pudo.
No fue sentimentalismo ni tampoco un súbito deseo de mandarle la carta. André estaba podrido. Vio en su carta tal perfección que prefirió publicarla y vivir, ya no de amor… sólo vanidad.

4.17.2011

6. Manifiesto personal

Y es que aunque lo hago con frecuencia, me da miedo soñar. No es el hecho de soñar, es el hecho de regresar jamás, de perderme en mis fantasías. ¿Qué sería de mí? ¿De mi cuerpo real? ¿Acabaría en un psiquiátrico? ¿O deambularía errante como indigente sin rumbo? ¿Importaría si de verdad estoy sumergido en mis sueños? Son preguntas estúpidas. Lo sé. Y sé que no soy el primero ni el último humano en pensarlo, en meditarlo. ¿Qué más da que otros ya lo hayan hecho? Aquí y ahora importo yo (si es que aquí y ahora existen) (digamos que sí, que existen). En realidad es absurdo preguntar cuestiones que no quiero descubrir. Porque tendría que vivirlas. Emborracharme de mis sueños, tirarme al vacío como lo hicieron Léolo y Sumire y como tantos indigentes sin nombre pero que no fueron producto de la imaginación de poetas o escritores.
Y sin embargo, lo quiero. Me seduce el incesante mundo de mis deseos. Todas las ciudades que he construido, todos los amores que he vivido, todos los recuerdos de la vida terrenal que he exportado a mi mundo personal, todos esos recuerdos que he idealizado y que chupan un poco de lo que soy y nutren la nada de la irrealidad.
Y entre todos esos recuerdos se encuentra ella. Ella que no es otra que un invento de mi corazón. Que fue de verdad, que existe en esta tierra y que vive ajena a lo que yo he creado a partir de ella. Ella que alguna vez volví a encontrar y que me resultó tan no-ella. Era la misma que había conocido, pero era otra la que yo había construido en mis fantasías después de llorar 45 días con sus noches. Desde aquella tarde que me plantó, que decidió que lo nuestro no convenía siquiera, llegar a ser. Desde ese entonces soy otro, lo sé. Hay un antes y un después. Y aunque es una tontería que una persona (o la idea que tienes de la persona) tenga tanto peso en el destino que tomas… te es inevitable.
Ahora no sólo me da miedo el fracaso, también la intimidad. Camino buscando amor, pero evitándolo a toda costa. Me gusta jugar a que me enamoro. Me gusta hacer reír a las mujeres, divertirlas. Acariciarlas. Me gusta creer que se pueden enamorar de mí. Saber. Y alejarme, no dar el último paso, ni el paso anterior. Me gusta sentirme seguro; evitar la intimidad.
Y es entonces que me echo un clavado a la alberca de mis sueños. Imagino lo felices que podríamos llegar a ser, con ella, con otras. Pero no concibo imaginar despertar ni con ella ni con las demás. Me encuentro solo. Y no me asusta. Sospecho que me gusta, que lo disfruto. Saber que nada ni nadie se interpone en mi camino, en mi objetivo. En alcanzar mis sueños personales, mis metas. En obtener el reconocimiento y compartir con el mundo lo que hago. Con el mundo… pero no con alguien en particular. Y es ahí donde ya me da miedo. Realizar que has cruzado la meta y no tener aquella cómplice que durmió y despertó contigo y vivió todo ese camino al éxito. Éxito que se vuelve ficción, porque sé bien que la satisfacción se disolverá en un instante y buscaré otro objetivo o tal vez termine por embriagarme, por darme un pasón de mis sueños. Quedar en estado catatónico atrapado en ese mundo perfecto que yo creé para mí, para no tener que soportar la continua desilusión que me gustaba alcanzar; para no tener que soportar (absurdo o no) el sufrimiento diario de humanos que sin conocer afectaban mis sentimientos.
¿Se puede ser feliz? Lo soy. Mas ya no distingo si es porque en mi universo mental he creado tales historias que confortan el alma y apagan la mente; o si de verdad tengo todo lo que quiero en mi vida… al menos por ahora.
Se me podrá acusar de contradictorio, que no hace sentido lo que escribo y que con cada párrafo anulo la premisa del anterior. Soy humano. No es justificación. Me gustaría ser congruente y sin embargo estoy seguro que el día que lo sea me aburriré de mí mismo, de mi perfección robotizada. Me convertiré en un Alfa, de esos seres que Huxley describe en Un mundo feliz. Viviré en paz con la sociedad, careciendo de poesía y demás pretextos, pero sobretodo, ausente de mis sueños y fantasías.
Y es que ¿a quién no le gusta imaginar? ¿a quién no le gusta jugar con la posibilidad de que sonará el timbre del departamento? Sonará y será ella. Me sonreirá, no dirá nada. Se sentará junto a mí, recargará su cabeza en mi hombro y respiraremos el uno del otro. Entonces se sentirá la bella atmósfera de la complicidad.
Y es aquí donde me detengo.
Porque aunque no se me puede acusar de jugar con las fantasías, se que si sigo, caeré en una sobredosis. Y entonces me perderé para siempre. Viviendo esa bella imagen, engañando a mi cuerpo, seduciendo a mi corazón.
Prefiero mantenerme a raya, aunque me cueste. Y es si bien podría escribir cientos de páginas sobre mí, sobre ella… y es que si bien podría escribir novelas enteras… sólo me estaría exponiendo, acercándome cada vez más al precipicio, al agujero negro de los sueños. Basta.

4.04.2011

5.

Lo que tengo que decir es sencillo. La amo. La amo aún.

3.07.2011

4. el amor. punto.

El sexo le destapó las ganas de amar. La miró como cuando eran niños. Con su faldita blanca al aire y su cabello rizo pegándole en la cara. La miró y entonces supo que su vida, desde esa mañana, estaba condenada a navegar un mar que años más tarde lo tragaría arrancándole las entrañas. Entonces la vería de nuevo sólo para gritarle, olvidándose para siempre de aquel amanecer en que el amor se le apareció en forma de semen y caricias.

12.09.2010

3. Federico, el dueño del universo o mi no tan nuevo departamento y la vibra que me genera

Ya estoy en mi nuevo (aunque tenga muchos años de construido) departamento. Tengo vista (un tanto truncada) hacia el castillo de Chapultepec. En realidad suena más romántico de lo que es, pues tengo que voltear en diagonal desde el balcón para poder verlo; si mirara lo primero que hay afuera de mi ventana vería una enorme pared -nada bonita- del Hotel Four Seasons.
El caso es que estoy contento, tranquilo. Llego y me siento con ganas de escribir, de pensar, y sobretodo de imaginar. La paz espiritual que brinda estar en un ambiente donde la confianza y la familiridad están presentes, definitivamente libera la mente.
Y ya entrado en este fluir de pensamientos e imaginación es que escribo un pequeño texto, el siguiente, que todavía no sé de qué trata, pero que lo sabré una vez que ponga punto y a parte a este párrafo.

Llegó sintiéndose dueño del universo y no era para menos. Lo había ganado en una rifa de mujeres y hombres de la tercera edad a la cual, por casualidad, fue a dar. Era el premio más deseado, el más anhelado; aquello que nadie nunca imaginó que se pudiera tener, y menos ganar en un pequeña fiesta de un asilo perdido en un pequeño callejón de una colonia modesta. El universo. Los viejitos cuando se enteraron del gran premio, corrieron (los que pudieron) a comprar su billete. A Federico le tocó el penúltimo de ellos. Había que escoger entre el 3 y el 7. No se decidía. Fue una mosca en la ceja la que le hizo mover la mano de forma brusca hasta tenerla en el boleto con el número siete.
Cuando se fue a sentar a la mesa, traía atorado en la mente el tres. Se rifaron un montón de premios: caracoles, países, libretas, viudas, aborígenes, llaveros y el universo. La verdad es que Federico ansiaba ganarse una pequeña tetera tan vieja que decían pertenecía a Matusalén. Al final, fue una viejita de cataratas y parkinson la que se llevó la antigua tetera; Federico notó que la señora tenía el boleto con el número 3.
No supo qué pasó cuando subió al estrado por el universo. Fue hasta que, ya de regreso a casa, 3 cuadras afuera del asilo, notó que iba cargando con un certificado en hoja de oro, el cual leía: acta que certifica la adquisición del universo. No lo podía creer. En realidad, le bastaron 7 segundos para aceptar el hecho y vivirlo. El resto del trayecto lo caminó con un efecto, al menos en su mente, de cámara lenta, por eso es que cuando entró a su casa llegó sintiéndose el dueño del universo.
Lo que pasó después, nadie lo sabe con exactitud. Unos dicen que se fue a recorrer los rincones de su nueva adquisición; otros dicen que se enteraron en una galaxia lejana de un humano dueño del cosmos y se lo llevaron para interrogarlo. La realidad es que desapareció sin dejar huella.
En el asilo, nadie entiende por qué fue Federico quien se ganó el universo, si el pobre sufre de Als Heimer y lo más seguro es que haya olvidado todo y esté perdido adentro de su cuarto.

12.05.2010

2. europa o esa extraña sensación que se da cuando conoces a una blogger

Esta nueva etapa que estoy viviendo, no comienza en el 2011. Sino en el 2010. Ya en la entrada pasada comenté sobre los cambios y procesos por los que estoy atravesando, sin embargo otro muy importante se da del 20 de diciembre al 10 de enero: vacaciones en Europa. (y es que, de verdad que me las merezco)
Llevo ya un rato, aunque no de muchos años, con mi blog. Gracias a este espacio he conocido -cibernéticamente- a personas que valen mucho la pena, o que saben mentir muy bien para aparentar que son grandes personas. Hay una blogger, que prefiero referirme a ella como amiga, con la que he ido construyendo una amistad muy divertida. Todo ha sido poquito a poco, sin forzar situaciones. Con miedo al principio, fuimos rompiendo el tag de ser colegas bloggers, para luego leernos en twitter, aceptarnos en Facebook y por último agregarnos en messenger. Hoy puedo decir que no tengo amiga cibernética con la cual ría tanto como con ella. Nuestras anécdotas nos entretienen montones, a tal grado que si una semana no la veo conectada, ya extraño la plática con ella.
Escribo lo anterior porque resulta que por azares del destino coincidiremos para las misma fechas en una ciudad mágica: París. Cada quien por su lado planeó pasar la Navidad en tan lindo lugar. Esta jugada del destino nos planteó un dilema: seguir nuestra amistad vía laptops, o dar un paso más en este proceso de amistad.
La respuesta era lógica: conocernos. La ciudad de las luces es el lugar perfecto para conocer a alguien y más si ya existe una complicidad generada al leernos en este mundo blogger. Además, ambos somos igual de soñadores e ingenuos, por tanto no hay ciudad más propicia para conocer alguien así.
Y como la respuesta era lógica, decidimos hacerlo: nos vamos a conocer. Me da mucho gusto poder conocer a gente valiosa con la que me topé por casualidad o error en internet. Es parte de entrarle al juego de la era de la información y aprovechar al máximo sus virtudes.
Es una sensación extraña, conocer a alguien en una ciudad tan mágica. Como de cuento todo el asunto. Da miedito, no quieres que se vaya a romper lo que ya existe. Pero por otro lado ¿por qué no vivir la vida como si estuviésemos en una película?
Así que, amiga, ¡te veo en París!

1. a new beginning

Borré todas las entradas que tenía. No es que no valieran la pena. No es que no me definieran. Pero había que dar un paso hacia adelante. Que el pasado no me pesara, como bien me lo dijo un chamán que hace poco me hizo una limpia, y del que estoy completamente agradecido. Hoy también me mudo de departamento. Ya lo hice oficial y estaré trasladando mis cosas en el transcurso de la semana. No estaré por mucho tiempo en mi nuevo departamento, pero lo utilizaré como sana transición a este nuevo comienzo que estoy emprendiendo.
Y es que este año cumplí mis primeros dos objetivos: volverme uno de los mejores visualizadores de comerciales en México y dirigir mi primer comercial. En ambos casos tuve el valioso apoyo de varias personas; si algo me queda claro es que la consecusión de objetivos se da por suerte, esfuerzo y el apoyo de tus amigos.
El siguiente año vienen nuevos retos, y aunque todavía no termina éste, en lo profesional ya estoy pensando en el 2011. (en lo personal al 2010 le queda mucho)